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No tengo tiempo… ¿o no le estoy haciendo espacio?

14 oct
4 min de lectura

 Por Sandra Perez

Blog: Despertar Consciente


“No tengo tiempo.” ¿Cuántas veces has pronunciado esta frase esta semana? Yo también la digo, más de lo que quisiera reconocer.


  • No tengo tiempo para hacer ejercicio.

  • No tengo tiempo para leer.

  • No tengo tiempo para empezar ese proyecto.

  • No tengo tiempo para descansar... ni para mí.


Durante "mucho tiempo", pensé que el problema era exactamente ese: el tiempo. Hasta que recientemente viví algo que me hizo cuestionarlo.

 
El proyecto para el que "nunca había tiempo"

Desde hacía tiempo venía pensando en crear y lanzar un programa relacionado con Hula Pono, un proyecto muy cercano a mi corazón. La idea estaba ahí: la pensaba, tomaba notas, escribía e imaginaba posibilidades. Pero nunca parecía ser el momento adecuado. Siempre había algo más que hacer: el trabajo, la familia, otros compromisos, la vida. Y, por supuesto, tenía una explicación perfectamente razonable: “No tengo tiempo”.


Cuando miro hacia atrás, ahora puedo reconocer algo que en ese momento no veía con tanta claridad. No estaba posponiendo mi proyecto solamente por falta de tiempo en mi agenda. Había algo más: no me sentía lista. Aunque llevaba años preparándome y acumulando experiencias, aparecía esa voz que muchos conocemos demasiado bien:


  • “Todavía te falta”.

  • “Necesitas prepararte un poco más”.

  • “Quizá más adelante”.


Era mi síndrome del impostor disfrazándose de una razón mucho más práctica y fácil de explicar frente a los demás: la falta de tiempo.


El clic: Del tiempo a las prioridades

Todo cambió durante una clase donde viví una experiencia relacionada con la gestión de las emociones a través del movimiento. Ese momento me recordó por qué quería crear un programa de Hula. Había algo muy profundo que quería compartir: el movimiento como una forma de regresar a nosotros mismos, conectar con lo que sentimos y expresarlo.


Ahí, algo hizo clic. No desaparecieron mis dudas, ni el miedo, ni mis responsabilidades. Lo que desapareció fue la necesidad de esperar a sentirme completamente lista. Decidí comenzar. Y entonces sucedió algo curioso: mis días seguían teniendo exactamente las mismas 24 horas, pero el tiempo comenzó a aparecer. Moví cosas, organicé otras y aproveché espacios pequeños que antes me parecían insuficientes. El tiempo no apareció por arte de magia; decidí crearlo.


Una mirada desde el coaching: Cambiando la narrativa

Desde el coaching hay una distinción muy poderosa: separar los hechos de las interpretaciones. El hecho puede ser que tenga una agenda llena; la interpretación es: “Por eso no puedo empezar”. Cuando repetimos una interpretación suficientes veces, la tratamos como si fuera una verdad absoluta.


Por eso he comenzado a experimentar con algo que, te advierto, incomoda a veces. Cuando me escucho diciendo “no tengo tiempo para…”, intento cambiar la frase por: “En este momento no estoy eligiendo darle tiempo a…”


  • “No tengo tiempo para hacer ejercicio” se convierte en “no estoy eligiendo darle tiempo a mi cuerpo”.

  • “No tengo tiempo para descansar” se convierte en “no estoy eligiendo darle espacio a mi descanso”.

  • “No tengo tiempo para ese proyecto” se convierte en “no estoy eligiendo darle tiempo a ese sueño”.


No siempre me gusta lo que escucho, pero ahí está el poder de la pregunta. Me devuelve la responsabilidad y me permite observar qué parte de la situación sí está dentro de mi capacidad de elección.

 

Las piedras grandes y lo verdaderamente importante

Stephen R. Covey, en Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, nos invita a observar cuánto tiempo consumimos respondiendo a lo urgente y cuánto dedicamos a lo importante. La paradoja es que las cosas que decimos que son más importantes para nosotros casi nunca son urgentes (cuidar la salud, fortalecer relaciones, descansar, o empezar ese proyecto soñado). Nadie nos llama para exigirnos que persigamos nuestros sueños, y por eso es tan fácil dejarlos para después. Mientras tanto, lo urgente hace ruido y al final del día estamos agotados sin haber hecho lo que de verdad importaba.


Covey usa la imagen de las "piedras grandes". Si llenamos nuestro recipiente de tiempo primero con las piedras pequeñas (pendientes e interrupciones), no habrá espacio para las grandes. El reto es mirar nuestro calendario y preguntarnos: ¿Cuáles son mis piedras grandes hoy, y realmente tienen un espacio ahí?

 

El tiempo y Pono

En la filosofía hawaiana, Pono nos invita a vivir desde un lugar de equilibrio, integridad y armonía. Nuestra relación con el tiempo también puede observarse desde ahí. No se trata de llenar cada minuto ni de hacer más. Se trata de crear congruencia entre aquello que decimos que valoramos y a lo que realmente entregamos nuestra atención. Nuestra agenda cuenta la historia de a qué le decimos que sí, a qué le decimos que no, y cuánto espacio nos damos a nosotros mismos.


Te propongo un pequeño ejercicio de coaching. Durante los próximos días, cada vez que digas "No tengo tiempo", haz una pausa, respira y pregúntate: ¿Qué estoy eligiendo en su lugar? Y si no estás en paz con esa respuesta, pregúntate: ¿Qué pequeño espacio podría comenzar a crear hoy para aquello que digo que es importante?


Hoy, después de haber postergado tanto tiempo un proyecto que significaba mucho para mí, me quedo con este aprendizaje: No fue que finalmente tuve tiempo. Fue que finalmente decidí que no necesitaba sentirme completamente lista para comenzar. Y cuando tomé esa decisión, no cambiaron las 24 horas del día... cambié YO.

 

Gracias por estar aquí. Gracias por leer. Te invito a seguirme en Instagram y YouTube como @coachsandraperez ahí encontrarás videos con diferentes temas y reflexiones, y un espacio para potenciar tu ser.

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