De la postergación a la acción: cómo dejar de vivir en el futuro
- Aarón Pérez
- 15 ene 2021
- 4 min de lectura
Actualizado: 30 abr
Por Aaròn Pèrez
Blog: Despertar Consciente
No hace falta esfuerzo para postergar; sí para empezar.
Quizás acumulas tareas, proyectos y decisiones que “harás después”. Lo piensas, lo dices, lo vuelves a prometer… y no pasa. Postergar no es “malo” en sí; a veces es prudente. El problema surge cuando se vuelve un estilo de vida que sostiene el autoengaño: no estás haciendo lo que te propusiste hacer y lo disfrazas de “más adelante”.
“La postergación es el arte de estar al día con el ayer.” — Donald Marquis
Postergar es evitar el presente. Evitar el riesgo de equivocarte, de descubrir que no te gusta, de reconocer que quizás no lo harás. Es más fácil decir “después” que tolerar hoy el malestar de empezar.
Las tres muletas del “no hago nada”: deseo, espero, quizás

Tres palabras sostienen el comportamiento dilatorio:
“Deseo…” (pero no decido).
“Espero…” (pero no preparo).
“Quizás…” (pero no me comprometo).
Cuando dices “deseo”, “espero” o “quizás” para no actuar ahora, esas palabras son una coartada: te permiten creer que estás en camino mientras te quedas inmóvil. Ningún deseo mueve una silla sin que alguien se levante a empujarla.
Nueva regla de lenguaje: cambia
“Espero que mejore” → por → “Hoy hago X para mejorarlo”.
“Deseo cambiar” → por → “Cambio esto a las 5:00 pm (hora y lugar)”.
“Quizás lo haga” → por → “Lo haré ahora durante 10 minutos”.
¿Qué hace tan cómoda la postergación?
Funciona como un sistema elegante de autojustificación:“Sé que debo hacerlo, pero tengo miedo de hacerlo mal o de que no me guste. Entonces lo dejo para el futuro, y así no tengo que admitir que quizá no lo haré.”
Otra variante común: hacerlo al último minuto. Te da una salida perfecta para resultados mediocres: “No tuve tiempo”. En realidad, no diste tiempo.
“No digas cosas. Lo que eres relumbra sobre ti mientras lo haces, y atrona con tal fuerza que no puedo oír lo que alegas en su contra.” — Ralph Waldo Emerson
La próxima vez que prometas algo sabiendo que no lo harás, recuerda esta cita. Es un antídoto poderoso.

Críticos vs. hacedores
Un no hacedor suele ser un crítico: se retrae, observa a los que actúan y comenta desde la distancia cómo deberían hacerlo. Ser crítico es muy barato; ser hacedor exige esfuerzo, riesgo y cambio.
“Nuestra cultura está llena de críticos. Hasta pagamos para oírlos.” — Wayne Dyer
La “crítica constructiva” puede ayudar. Pero si eliges quedarte mirando, no creces. A veces la crítica camufla nuestra propia inacción: juzgo a quienes se exponen para justificar que yo no lo hago.
Aburrimiento: síntoma de presente no usado
La vida no es aburrida; aburrirse es una elección. Es una señal de que no estás usando el instante presente para crear, aprender o disfrutar. Solemos culpar al entorno: “Esta ciudad es aburrida”. El exterior no cambia tu acción; tu acción cambia tu experiencia.
“El hombre que se deja aburrir es aún más despreciable que el aburrido.” — Samuel Butler
Si postergas, el presente queda en pausa… y el aburrimiento ocupa ese espacio.
19 conductas típicas de la postergación

Trabajo y proyectos
Seguir en un empleo sin desarrollo “hasta que mejore”.
Tener ideas y nunca convertirlas en proyectos activos.
Hacer las cosas al último minuto para justificar resultados.
Vivir sólo para “las próximas vacaciones” en lugar de diseñar días significativos ahora.
Relaciones
Aferrarte a una relación que no funciona “esperando que mejore sola”.
Evitar conversaciones difíciles con parejas, amigos, jefes o proveedores.
No acercarte a quien te importa, esperando que “la vida los acerque”.
Salud y hábitos
Postergar el acudir al médico pese a sospechas.
Mantener adicciones con el mantra: “Lo dejaré cuando esté listo”.
Aplazar la dieta o el ejercicio para “mañana”.
Hogar y pendientes
Posponer limpieza, reparaciones, pintura o cuidado del jardín.
Usar cansancio o malestar leve como excusa recurrente.
Tiempo y prioridades
“No tengo tiempo”—pero sí para lo que realmente quieres.
Aburrirte y usar el aburrimiento como razón para no hacer algo más estimulante.
Vivir completamente dedicados a los hijos, postergando tu propia felicidad (se vuelve insostenible para todos).
Antídotos prácticos: cómo empezar hoy
La regla de los 2 minutos: Si requiere menos de 2 minutos, hazlo ahora. Si requiere más, divida la tarea en bloques de 10 minutos y agenda el primero hoy.
Hora, lugar y acción mínima: No digas “haré ejercicio”; di: “Hoy, 7:30 pm, parque, caminar 15 minutos”.
Compromiso visible: Cuéntale a alguien tu microacción del día y envíale una foto o evidencia. El compromiso social reduce la postergación.
Prohibidas: Deseo, Espero, Quizás: Sustituye por: “Hoy decido…”, “Ahora empiezo con…”, “En 10 minutos termino…”.
Primero lo difícil: Empieza el día con la tarea que resistes. 30-45 minutos sin interrupciones. Ganar ese bloque te da tracción para todo lo demás.
Mide progreso, no perfección: Evalúa acciones realizadas (número de bloques, minutos, entregables), no el resultado final perfecto.
Hazlo hoy: porque mañana no existe
Yo mismo fui especialista en postergar: siempre ocupado, poco efectivo. Tenía mil proyectos en mente y ninguno en marcha. Me salvó un principio simple: no somos lo que decimos; somos lo que hacemos ahora.
Actuar no elimina el miedo: lo vuelve irrelevante.Elige hoy una microacción y ciérrala. Mañana no existe; la acción sí.
Ahora es tu momento: ¿Seguirás atado a la obligación o elegirás tu libertad emocional? 🌱
¿Te atreves a dejar la dependencia y empezar a vivir desde tus propias decisiones? 💬 Cuéntamelo en los comentarios.
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