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El poder de las palabras: lo que dices crea realidades

Hay palabras que no se olvidan. No porque fueran ciertas, sino por la marca que dejaron al ser dichas. Seguramente has estado ahí: ese momento en el que alguien lanza un comentario —quizá "sin intención"— y sientes cómo algo dentro de ti se contrae. Y si somos honestos, también hemos estado del otro lado. Hemos sido la persona que soltó un comentario "jugando", sin registrar que acabábamos de alterar el clima emocional de alguien más.


Tenemos derecho a decir lo que pensamos, pero no estamos libres de las consecuencias de lo que decimos. Porque la comunicación no es un camino de una sola vía; es una danza entre lo que expresamos y cómo respondemos a lo que recibimos. 

 

La ilusión de "yo digo lo que quiero"

Vivimos en una cultura donde la autenticidad a veces se confunde con la impulsividad. Escuchamos frases como "Yo soy así", "Digo las cosas como son" o "No me gusta filtrar lo que pienso". Pero ¿es eso realmente libertad o es falta de conciencia?


Decir lo que uno quiera es fácil; lo complejo —el verdadero nivel de maestría— es decirlo con conciencia. Porque entre lo que pienso y lo que digo existe un espacio. Y en ese espacio es donde vive nuestra responsabilidad.


Cuando el inconsciente nos secuestra (Mi experiencia)

Hace poco lo viví en carne propia. Platicaba con una persona muy querida, alguien por quien tengo un interés profundo. En medio de la charla, me dijo algo que me sacudió. Tuve el acierto de validar y preguntar: "¿Esto es lo que estás queriendo decir?", y su respuesta fue un rotundo "Sí".


En ese microsegundo, mi inconsciente me secuestró. Sus palabras activaron una alarma interna; dispararon una vieja inseguridad, un malestar añejo y una creencia limitante que aún cargo. Me sentí agredida, insegura y poco valorada. A partir de ahí, la interacción se rompió. Dejé de escuchar al ser humano frente a mí; la conversación se volvió acerca de mí, de mi herida, de mi ego. Reaccioné desde el juicio, defendiéndome de un fantasma del pasado.


Hoy, viendo ese momento en perspectiva, me doy cuenta de lo que faltó: una pausa. Si hubiera respirado, habría podido recurrir al segundo acuerdo de Don Miguel Ruiz: No te lo tomes personal. Sus palabras eran suyas, correspondían a su mundo.


Si en ese instante me hubiera detenido a preguntar: "¿Qué haría el amor aquí? ¿Cómo comunicaría esto el amor?", el resultado habría sido la curiosidad en lugar de la defensa. En vez de encerrarme en mí misma, habría hecho preguntas acerca de la otra persona: "¿Por qué piensas que ese escenario va a pasar? ¿Desde dónde lo estás viendo?". Habría respondido con presencia, en lugar de reaccionar desde la herida.


El lenguaje no describe la realidad... la crea

Como menciona Rafael Echeverría en el coaching ontológico: el lenguaje es generativo. No solo describe el mundo, sino que hace que ocurran cosas. Sin embargo, el peligro radica en que cada palabra es una interpretación. En mi historia, yo interpreté sus palabras a través del filtro de mi inseguridad y creé una realidad de conflicto donde pudo haber una de comprensión. 

No es lo mismo reaccionar diciendo:

  • "Siempre me haces sentir insegura con tus comentarios."


qué responder diciendo:

  • "Me da curiosidad por qué ves el escenario de esa manera, ¿me cuentas más?"

 

No solo cambia la frase; cambia la realidad de la relación y la apertura del otro.


La ciencia del "Cómo": Los Gottman y los Jinetes

John y Julie Gottman, tras décadas de estudio, descubrieron que no es la diferencia de opinión lo que rompe los vínculos, sino el "veneno" que elegimos al comunicarnos (la crítica, la actitud defensiva, el desprecio o la evasión). Cuando nos defendemos o atacamos desde la herida, activamos los "jinetes" de la comunicación.


El desprecio es el más destructivo; es cuando usamos palabras para colocarnos en una posición de superioridad. La ciencia demuestra que cuando recibimos desprecio, nuestro sistema inmunológico se debilita. Nuestras palabras tienen, literalmente, el poder de enfermar o sanar al otro.


La impecabilidad como escudo y medicina

Esto nos lleva al primer acuerdo de Don Miguel Ruiz: "Sé impecable con tus palabras".

Ser "impecable" (del latín im-pecatus: sin pecado) no significa ser perfecto, sino no usar las palabras contra ti mismo ni contra los demás. Ruiz nos advierte que nuestras palabras son como "hechizos": si le dices a alguien que no es capaz, ese mensaje puede quedarse en su sistema como una programación limitante por años. Ser impecable es elegir usar tu magia para la verdad y el amor.


La invitación de Don Miguel Ruiz a "Ser impecable con tus palabras" tiene una doble dirección. Significa ser impecable al hablar para no lanzar "hechizos" ni proyectiles a los demás, pero también significa ser impecable al recibir el mensaje del otro, eligiendo no usar sus palabras como un arma para castigarnos a nosotros mismos. 

 

Hablar desde la coherencia

El HeartMath Institute ha demostrado que cuando nuestro corazón está en coherencia —en un estado de calma y aprecio—, nuestra comunicación cambia. Las palabras se suavizan y se alinean. No se trata de censurarte, sino de elegir desde dónde hablas: ¿desde el miedo y el ego, o desde la conexión y la necesidad clara?


Tu pausa consciente

La comunicación consciente es un compromiso de dos vías. Antes de hablar, o justo después de escuchar algo que te incomode, te invito a pasar la energía por estas preguntas:


1.                  ¿Es verdad? (¿Es un hecho o solo mi interpretación?)

2.                  ¿Es necesario? (¿Aporta valor o solo descarga mi frustración?)

3.                  ¿Es el momento? (¿La otra persona tiene espacio emocional para escuchar?)

4.                  ¿Esto construye o destruye? (¿Abre o cierra posibilidades?)

 

En la cultura hawaiana, las palabras no se usan a la ligera. El mele (canto) no es solo letra; es intención pura. Aprendí que nombrar algo es darle existencia: si nombras la posibilidad, la creas; si nombras el juicio, lo multiplicas. Cada palabra es vibración, y esa vibración crea la realidad que bailamos y en la que vivimos.


Quizá no podemos controlar cómo los demás interpretan lo que decimos, pero somos 100% dueños de cómo lo sembramos. Al final del día, hablar con conciencia es la forma más elevada de respeto... y de amor.

 


No digas nada... hasta que tu corazón y tu mente estén en la misma sintonía.

Si alguna vez has estado en la misma situación que yo y has sentido que tus palabras no reflejaron lo que realmente sentías. En estos momentos de estrés o frustración, es fácil perder nuestra "impecabilidad" y reaccionar desde el impulso, dejando huellas que preferiríamos evitar.


Te regalo una Pausa Consciente en Audio. Un ejercicio breve guiado por mí, diseñado para escucharse justo antes de una reunión importante, una charla de pareja o cualquier momento retador. Alineemos juntos tu respiración y tu intención para que tus palabras sean puentes, no proyectiles, y crear la realidad desde el amor.


 

Me encantaría saber cómo son tus conversaciones después de escuchar el audio.



Gracias por estar aquí. Gracias por leer. Te invito a seguirme en Instagram y YouTube como @coachsandraperez Ahí encontrarás videos con diferentes temas y reflexiones y un espacio para potenciar tu ser.

 


2 comentarios

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Invitado
hace 6 días
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Excelente reflexión

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Aarón Pérez
Aarón Pérez
hace 5 horas
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Gracias 🙏

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