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La realidad mágica: propósito, percepción y milagros

12 feb 2021
5 min de lectura

Actualizado: 11 may

Por Aarón Pérez

Blog: Despertar Consciente


León Tolstói redactó su testamento veinte años antes de su muerte. En él describía, con una honestidad desarmante, sus sentimientos respecto a la obra de su vida:


“Pido a todas las personas próximas o lejanas que no me alaben. Sin embargo, si desean estudiar mis escritos, que se fijen atentamente en aquellos pasajes en los que sé que el poder de Dios hablaba a través de mí y los utilicen para bien de sus propias vidas. Ha habido momentos en que he sentido que me estaba convirtiendo en el portador de la voluntad de Dios. A menudo he sido tan impuro, tan lleno de pasiones personales, que la luz de esta verdad se ha visto oscurecida por mi propia oscuridad. Y sin embargo, esta verdad ha pasado a veces por mí, y esos han sido los momentos más felices de mi vida.”

Este fragmento siempre me ha parecido profundamente humano. Nos recuerda que no somos el mensaje, sino el canal. Que algo más grande puede expresarse incluso a través de nuestras imperfecciones.


De algún modo, la vida de muchas personas —incluyéndome— da un giro inesperado en algún momento. A veces parece suceder sin nuestro consentimiento, como si la realidad se reorganizara por sí sola. En mi experiencia, no hubo un gran acto heroico que provocara ese cambio, sino algo más sutil: la disposición a ver las cosas de otro modo.


Ese pequeño gesto interno abrió la puerta a experiencias que, desde cierta mirada, podrían llamarse milagros. Desde otra, simples coincidencias. Quizá, desde una más profunda, manifestaciones naturales de una realidad distinta. Si estás leyendo esto, tal vez también llegaste aquí por ese flujo invisible de la vida. Algunos lo llamarían azar. Otros, magia.


La paradoja entre realidad y magia

Solemos pensar que, si algo es real, no puede ser mágico; y que, si es mágico, no puede ser real. Bajo ese supuesto, “realidad” y “magia” se vuelven conceptos opuestos, casi irreconciliables. Sin embargo, existe otra posibilidad: que la realidad pueda volverse mágica cuando cambia la percepción desde la cual la experimentamos.


Cuando estamos dispuestos a trascender la vida a la que nos hemos acostumbrado, aparece un camino interior libre de muchas de las barreras, normas y limitaciones que damos por hechas. No hablo de una fantasía al estilo de Alicia en el país de las maravillas, accesible solo desde la imaginación. Hablo de algo real desde un punto de vista más profundo, y disponible para cada uno de nosotros cuando estamos preparados para verlo.


“He sido todas las cosas impías, y si Dios puede actuar a través de mí, puede actuar a través de cualquiera.” — San Francisco de Asís
Propósito, milagros y estado de gracia

Cuando hay propósito, algo se ordena internamente. Dejamos de luchar contra la vida y comenzamos a fluir con ella. De esa armonía surge una sensación de claridad que muchos han llamado, de forma figurativa y literal, iluminación.


No se trata de un dogma ni de una meta espiritual elevada, sino de un estado interior desde el cual hacer lo que hay que hacer deja de ser una carga. No porque desaparezcan los problemas, sino porque ya no peleamos con ellos desde la resistencia constante.


El Bhagavad Gita, uno de los textos más sagrados de la tradición hindú, narra el diálogo entre Arjuna, un guerrero paralizado por la duda, y Krishna, quien se le revela como su auriga en el campo de batalla. A lo largo de dieciocho breves capítulos, Krishna habla sobre la esencia del ser humano y la importancia de vivir con propósito.


El mensaje central del Gita podría resumirse así:

Actúa desde el amor y la armonía. No te apegues a los frutos de tus acciones. Sirve, da y confía. Quien vive así, vive milagrosamente.


Este texto fue guía para Mahatma Gandhi, y sigue siendo considerado por muchos como excesivamente simple para el mundo agresivo y competitivo actual. Comprendo ese escepticismo, porque durante gran parte de mi vida pensé igual.


Dejar de vivir para el resultado

Durante años estuve concentrado casi exclusivamente en los resultados: el dinero, el prestigio, los logros visibles. No digo que eso no sea “éxito” en cierto sentido. Pero hay algo más allá de ese marco. En aquel momento yo no lo sabía.


La vida, como suele hacerlo, me llevó a experiencias de sufrimiento que terminaron enseñándome más que cualquier logro. Vivía pendiente del destino y desconectado del viaje. Fue ahí donde comprendí que solo cuando dejamos de obsesionarnos con lo que obtenemos, entramos en un estado de gracia.


Cuando la percepción cambia, la realidad cambia con ella. No necesariamente por fuera, sino por dentro. Sigues teniendo hijos, trabajo, desafíos cotidianos. Pero algo esencial se transforma: el sentido.


Me encantaría poder acompañarte a experimentar ese estado en el que la vida se percibe como un milagro, incluso cuando aparentemente nada externo ha cambiado. Porque el propósito no está en conseguir, sino en dar.


“La posesión completa sólo se demuestra dando. Todo cuanto no podemos dar nos posee.” — André Gide
Qué no son los milagros

Cuando hablo de milagros y de realidad mágica, no me refiero a convertir piedras en oro ni a desafiar las leyes físicas de forma espectacular. Hablo de algo más cercano y, a la vez, más profundo.


Un milagro es aquello que considerabas fuera de tu alcance debido a las creencias que has sostenido sobre ti mismo y sobre la vida. Antes de aplicar estrategias o buscar fórmulas externas, es necesario revisar la forma en que interpretas tu experiencia.


Convertirse en “hacedor de milagros” implica vivir con propósito, abrirse a la ayuda, cuestionar las propias limitaciones y adquirir un nuevo conocimiento interior. Ese cambio de percepción es el que permite manifestar lo que antes parecía imposible.


“El que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará aún mayores.”  — Jesucristo

Tal vez, en lo más profundo, ya sabes que ese poder existe en ti, aunque no sepas cómo acceder a él. No está fuera. No requiere una búsqueda interminable. Habita en esa dimensión invisible que podemos llamar mente, alma, espíritu, pensamiento o conciencia.


“…lo conocerás; porque habita contigo y estará dentro de ti.” — Jesucristo

La realidad mágica no es un lugar al que llegar, sino una forma distinta de habitar la vida. Empieza cuando cambias la percepción, cuando escuchas tu propósito y cuando eliges dar en lugar de competir.

Déjame hacerte una pregunta incómoda: ¿Qué cambiaría en tu vida si dejaras de perseguir resultados y comenzaras a vivir como si lo que tienes para dar ya fuera suficiente?


Si este texto resonó contigo, compártelo con alguien que pueda necesitarlo y acompáñame en Despertar Consciente. Tal vez, sin darte cuenta, ya estés dando el primer paso hacia tu propia realidad mágica.


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