El artículo reflexiona sobre cómo definir la marca personal va más allá de lo profesional y se convierte en un trabajo interior. A través de una experiencia personal, muestra cómo al intentar expresar el propio valor aparece la voz del síndrome del impostor, alimentada por la cultura de la modestia. La marca personal no es ego, sino claridad: nombrar fortalezas, experiencia, impacto y diferenciadores para asumir con conciencia el valor propio y comunicarlo con seguridad.